Por ahora, una carta de Miguel Aso en el Altoaragón sobre la crisis y las nacionalizaciones buenas y malas (como en la Guerra Fría y las dictaduras "buenas" -autoritarias- y las malas -totalitarias-). Salvo el primer párrafo (leer un libro de Fidel es tirar el tiempo), el resto me gusta bastante.
Creo recordar que fue en el libro “100 horas con Fidel” en el que el autor preguntaba sobre el fracaso del comunismo y el mandatario cubano respondía diciendo algo así como que el socialismo real, entendido como lo ocurrido en la Unión Soviética, no había fracasado más que el capitalismo, entendido éste como la no intervención del Estado en asuntos económicos.
Pues bien, meses después de leer este libro, observo cómo George Bush decide, nada más y nada menos, nacionalizar una entidad bancaria que se ha forrado a costa de dar hipotecas que ciertamente se sabía no se iban a poder cobrar. Ahora, el libre mercado del capitalista Bush decide intervenir para que dicha entidad, y con ella los accionistas de la misma, no pierdan sus activos y los hipotecados se queden por la cara con sus casas sin hipotecas, que es a mi entender lo que debería suceder.
Luego, me viene a la memoria la reciente nacionalización de los recursos energéticos de Bolivia. Sí, lo que decidió hace poco el presidente Evo Morales. Este señor decidió nacionalizar los recursos energéticos para poder utilizarlos y dar primero comida y luego servicios sociales a su pueblo. Recuerdo las palabras de liberales económicos como Rajoy diciendo que era una barbaridad y que se debía intervenir para defender los intereses de las empresas españolas (cuyos accionistas nadie sabe siquiera de dónde son). Gran dilema éste. Por un lado, Evo Morales decide nacionalizar los recursos energéticos para salir de la dificilísima situación económica en la que está su pueblo y por ello es acusado de casi todo y mientras, el líder mundial, el señor Bush, decide hacerse comunista interviniendo económicamente un banco para salvar a cuatro sinvergüenzas que han ganado dinero a manos llenas especulando y no pasa nada, había que hacerlo. Qué pena de mundo y qué paciencia tenemos algunos.